Las competiciones populares y la vida

Sumar a la vida entrenamiento para completar una prueba deportiva es una de las mejores ayudas para prosperar en los demás ámbitos vitales, siempre y cuando se haga de forma equilibrada, sin obsesionarse y sin eclipsar el resto de ámbitos importantes y pilares.

Hay algún que otro paralelismo entre prepararse para una competición y participar en ella, y prepararse y superar episodios importantes de la vida. Un proyecto, un examen, una entrevista de trabajo, un viaje, o una cita con alguien que te gusta y con quién quieres más. Momentos en que se avanza hacia el logro de un objetivo. El proyecto concluido, el examen aprobado, el puesto conseguido, la experiencia ganada o la relación consumada.

Ese avance nos da la autoconfianza y la fortaleza del sí puedo, y el deporte, es un medio genial para reforzar la certidumbre de nuestras posibilidades para recorrer mucho más firmes y seguros otras pruebas de la vida.

Dedicar tiempo a seguir una planificación de entrenamiento para terminar esa prueba a la que te has inscrito, no sólo es saludable en cuanto a actividad física constante, también lo es en cuanto a actividad psicológica. Equilibra y mejora el ánimo, la autoestima y el empuje, rejuvenece y lleva a la conquista de esos espacios que hasta ahora sólo parecían accesibles para los más fuertes (sobre todo hombres), dando acceso también a los que tienen cualidades como la perseverancia o la constancia para ganar esa fuerza, velocidad y resistencia.

Alienta mucho ver que en la práctica deportiva popular cada vez somos más mujeres las que estamos en la línea de salida y entramos por la línea de meta de pruebas deportivas. Desde triatlones a carreras a pie, pasando por travesías en aguas abiertas, cicloturistas, marchas y pruebas de aventura como los raids.

Somos cada vez más las que nos inscribimos a pruebas y nos ejercitamos para completarlas. Somos más las que experimentamos el placer del esfuerzo y la satisfacción de darlo todo, con nuestros cuerpos tan asociados culturalmente a lo débil y al servicio del placer de los demás, y no tanto al propio. Llevamos años en ese inicio del fin de esos estereotipos asociados a la práctica deportiva y en cada inscripción más de una mujer, se equilibra la estadística y vamos ganando terreno, poniendo ese punto y final que tanta falta le hace a la sociedad. Sin superlativos o diminutivos.

Para las mujeres que tenemos interés por ejercitarnos físicamente, apuntarnos a pruebas populares también es militancia igualitaria de género y es bandera del empoderamiento femenino.

La práctica deportiva es un ecualizador muy potente. Personal y social. Ordena la cabeza y el cuerpo para rendir más y mejor, da más sentido a nuestro día a día, chuta endorfinas, buen rollo, autoconfianza y valor. Pule inseguridades y lima asperezas. Si además ese deporte es compartido, lo anterior se amplifica y gana distensión, humor e integración en algo que se extiende más allá de nosotros mismos. Algo más allá de nuestro ombligo, que puede ser desde organizarnos para entrenar y salir juntos a completar una prueba, a esperarnos en meta o competir por equipos o en equipo. Eso es felicidad gratis, aunque hasta que no lo pruebas, no lo sabes.

One thought on “Las competiciones populares y la vida

Comments are closed.